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Democracia y verdad – Minuta #102

Solo en la verdad se puede crear y mantener una comunidad. No es casualidad que, al momento de declarar la independencia de los Estados Unidos, los padres fundadores hayan señalado que sostenían “verdades evidentes”. Para fundar la democracia más importante de todos los tiempos no dijeron: “la verdad es relatitva” o “todas las opiniones son válidas” porque de este modo era imposible declarar la igual dignidad de todos los seres humanos.

Roger Pilon. La vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Disponible en: https://www.economiaysociedad.cl/la-vida-la-libertad-y-la-busqued 

Apelando a toda la humanidad, el pasaje inicial de la Declaración abre con la que quizás sea la línea más importante de todo el documento: “Sostenemos que estas Verdades son evidentes en sí mismas”. Fundadas en la razón, estas verdades “evidentes en sí mismas” invocan a una larga tradición de ley natural que sostiene que existe una “ley superior” del bien y el mal, de donde se deriva la ley humana. En consecuencia, los Fundadores afirman que el sistema político no se fundamenta sobre una voluntad política sino sobre un razonamiento moral accesible a todos.

Los republicanos nos definimos como un movimiento que cree en la Verdad. Es el punto número 4° de nuestros Principios Republicanos:

Somos un movimiento que cree en la Verdad. La verdad y el bien son realidades objetivas, conceptos que es posible descubrir racionalmente en la noción que todo ser humano tiene de ese conjunto de virtudes morales objetivas, y que responden al orden natural de las cosas, y que nunca una mayoría electoral ni parlamentaria, ni ninguna autoridad política puede modificar o desconocer. Esas verdades morales se resumen en la conciencia que todos tenemos de que nunca se puede hacer a otra persona lo que no quisiéramos que se nos hiciera a nosotros, lo que nos debiera inducir a hacer con el prójimo, todo aquello que desearíamos que los demás hicieran por nosotros. Sostenemos que ni la verdad ni el bien pueden ser definidos por mayorías políticas circunstanciales, porque en ese caso no existirían sino sólo como conceptos esencialmente transitorios, relativos y cambiantes.

Ante esto cabe preguntarnos ¿es tan relevante reivindicar la verdad en política? Algunos dicen que no, que el asumir verdades objetivas es cosa de intolerantes, de fanáticos y de antidemocráticos. Se trata de una afirmación falsa, toda vez que es lo contrario a la defensa de la verdad —es decir, el relativismo— lo que lleva a la intolerancia.

La intolerancia es fruto del relativismo. Como bien afirma Julien Freund: «El abandono de toda afirmación y negación lleva a un estado de descomposición en el que todo vale lo mismo, es decir nada vale nada. Todo está permitido, lo que quiere decir que todo es justificable y que una justificación vale tanto como cualquiera otra. La consecuencia de todo ello es la intolerancia. Toda idea es intolerante, ya que afirma o niega algo. Una idea que no afirma ni niega nada se asimila a la confusión de que todo es igual».1

Los republicanos reivindicamos la verdad porque estamos en la política buscando el bien común y no existe el bien común sin una realidad objetiva compartida por todas las personas. No buscamos el poder por el poder, si el poder fuera lo único importante, la forma más rápida de llegar a él es por medio de mentiras, a través de la creación de un mundo paralelo que pueda ilusionar falsamente a las personas. Pero, como bien señala Hannah Arendt, «La mentira organizada siempre tiende a destruir lo que ha decidido negar, aunque sólo los gobiernos totalitarios han adoptado conscientemente la mentira como el primer paso hacia el crimen».2

Sin la verdad en política, solo hay demagogia. La demagogia es un recurso de los malos políticos; que solo están pendientes de agradar a las masas dejando en segundo plano la verdad y el bien de la comunidad.

electoral ni parlamentaria, ni ninguna autoridad política puede modificar o desconocer. Esas verdades morales se resumen en la conciencia que todos tenemos de que nunca se puede hacer a otra persona lo que no quisiéramos que se nos hiciera a nosotros, lo que nos debiera inducir a hacer con el prójimo, todo aquello que desearíamos que los demás hicieran por nosotros. Sostenemos que ni la verdad ni el bien pueden ser definidos por mayorías políticas circunstanciales, porque en ese caso no existirían sino sólo como conceptos esencialmente transitorios, relativos y cambiantes.

Si yo tuviera que describir en qué consiste la demagogia, creo que ella tiene tres versiones fundamentales. La primera es ofrecer lo imposible, a sabiendas de que no se puede cumplir. La segunda, consiste en mostrar una sola cara de la moneda frente a los diversos problemas nacionales. La demagogia escoge siempre la cara que resulte más grata al interlocutor y esconde la otra, de modo que proyecta una media verdad, que es siempre una forma de mentira. Y la tercera forma de la demagogia, que es una variante de la segunda, consiste en acentuar la preocupación por el momento inmediato, cediendo a una tendencia natural en el ser humano, que esconde los efectos mediatos o ulteriores que una determinada medida puede tener.

Jaime Guzmán. Escritos Personales, p. 167. Disponible en: https://www.fjguzman.cl/wp-content/uploads/2018/02/Escritos-personales-2011n.pdf 

Defender la verdad nos ayuda a ser humildes.

La humildad es un valor fundamental que en política se pierde con mucha facilidad en la medida que el poder nos intenta convencer de lo contrario. Saber que hay verdades que están más allá de mis opiniones nos permite recibir críticas y consejos constructivos y saber que yo no soy el dueño de la verdad.

Las actitudes autosuficientes normalmente son un signo de inseguridad intelectual o de pocas luces. Todo lo verdadero es nuestro, pero no todo lo nuestro es verdadero ni tenemos toda la verdad. En realidad, habría que decir que todo lo verdadero es potencialmente nuestro, porque lo cierto es que dista mucho de ser propiedad privada actual de cada uno de nosotros. Hay muchas verdades acerca del hombre y su destino que no conocemos. Ni siquiera sabemos dónde se encuentran. Que no nos moleste entonces si alguien las halla antes que nosotros. Así, hay que reconocer que la Ilustración proclamó con fuerza algunas verdades que, si bien pertenecen a la tradición central, no siempre habían sido suficientemente destacadas o fundamentadas por sus exponentes

Si la verdad es lo más importante, entonces la crítica resulta indispensable. Nadie debería sentirse incómodo ante la crítica leal. Cuando nos critican (cuando critican las ideas falsas que tenemos o exponemos) nos hacen un favor. No criticar las ideas de un colega por miedo a desagradarlo es tanto como desconfiar de su talante científico, de su pasión por la verdad (a veces hay que desconfiar si uno quiere salir con vida, pero en esos casos siempre cabe el recurso al silencio).

Joaquín García-Huidobro. Filosofía y retórica del iusnaturalismo, p. 133 

No solo hay que decir la verdad, hay que combatir la mentira. La defensa de la verdad no se limita a no decir mentiras, también es preciso combatir estas últimas ya que terminarán prevaleciendo en el discurso público mientras no sean contrastadas con la verdad. Al respecto, decía Abdón Cifuentes: «Quejaos de vuestra desidia, de vosotros mismos i no de vuestros adversarios. Ellos hacen su papel; haced el vuestro. Tenemos nuestra suerte en nuestras manos. Si nuestras instituciones son desnaturalizadas, si somos perseguidos, no es sino por nuestra culpa. ¿Por qué nos dormimos en el momento del combate? Tengamos siquiera el valor de defendernos i cumplamos el deber de defender lo que creemos: la verdad i el bien».3

Ante la mentira, todo silencio es cómplice. Si nos callan también somos culpables por tolerarlo. La única forma de superar cualquier versión del totalitarismo es hacerle frente y combatirlo. Como bien señaló Alexander Solzhenitsyn:

“Nos han robado la esperanza, y hemos sido tan deshumanizados que por la modesta ración de comida diaria estamos dispuestos a abandonar todos nuestros principios, nuestras almas, así como todos los esfuerzos que realizaron nuestros predecesores y todas las oportunidades para nuestros descendientes -pero que no molesten a nuestra frágil existencia. Carecemos de firmeza, de orgullo y de entusiasmo. Sólo tememos separarnos de la manada y dar un paso solos.

Pero podemos –podemos hacerlo todo. Nos mentimos a nosotros mismos a cambio de seguridad. No son ellos los culpables de todo –lo somos nosotros mismos, sólo nosotros. Nos han amordazado.

¿Es que realmente no hay salida? ¿Es que lo único que podemos hacer es esperar de brazos cruzados? ¿Acaso puede cambiar algo por sí solo? Nada sucederá mientras sigamos reconociendo, alabando y fortaleciendo –y no dejamos de hacerlo–, el más perceptible de sus aspectos: la mentira. Aunque la mentira lo oculte todo y todo lo abarque, no será con mi ayuda.

Esto abre una grieta en el círculo imaginario que nos envuelve debido a nuestra inacción. Es la cosa más fácil que podemos hacer, pero lo más devastador para la mentira. Porque cuando los hombres renuncian a mentir, la mentira sencillamente muere. Como una infección, la mentira sólo puede vivir en un organismo vivo.

De modo que cada uno, en su intimidad, debe realizar una elección: o seguir siendo siervo de la mentira voluntariamente o despreciar la mentira y volverse un hombre honesto y digno de respeto tanto para los hijos como para los contemporáneos.” Alexander Solzhenitsyn. Vivir sin la mentira. Disponible en: https://www.economiaysociedad.cl/vivir-sin-la-mentira 

El deber de un político: vivir en la verdad. Vaclav Havel decía que él no sabía cómo tener éxito, pero sí sabía cómo no tener éxito: «Por cierto que no sé si la rectitud, la verdad y el espíritu democrático tendrán el éxito final. Pero sí sé cómo no tener éxito: optando por medios que se contraponen a los fines deseados; tal como lo aprendemos de la historia, es ésta la mejor forma de eliminar los fines mismos que nos proponemos lograr».4

El camino más seguro para el fracaso de un político es vivir en la mentira, dado que la realidad más temprano que tarde termina evidenciando las corruptelas y los engaños. Por eso, como decía Vaclav Havel, el deber de un político es “vivir en la verdad”:

“Si queremos tener una oportunidad mínima de éxito, solo hay una forma en que podamos luchar por el decoro, la razón, la responsabilidad, la sinceridad, la civilidad y la tolerancia, y consiste en actuar decorosa, razonable, responsable, sincera, civil y tolerantemente. Veo el único camino de progreso en el antiguo y conocido precepto de “vivir en la verdad”.

Quizás haya quienes no me crean, pero después de dos años gobernando un país lleno de problemas con los que los presidentes de países estables nunca soñarían, puedo decir con seguridad que no me he visto obligado a retractarme de nada de lo que escribí antes, o a cambiar de opinión en alguna materia. De hecho, he confirmado mis opiniones. A pesar de las presiones políticas que enfrento cada día, todavía estoy profundamente convencido de que la política no es esencialmente una actividad deshonesta; y en la medida en que lo fuere, son sólo los políticos deshonestos los que le dan ese carácter. Reconozco, sin embargo, que puede, más que otras esferas de la actividad humana, tentarnos a caer en prácticas deshonestas y que por lo tanto nos presenta demandas más exigentes. Pero sencillamente no es verdad que un político deba mentir o fraguar intrigas.

Obviamente, en política, como en otros ámbitos de la vida, es imposible e inútil decir todo, de buenas a primeras, a cualquiera. Pero eso no significa que uno tenga que mentir. Lo que se requiere es el tacto, las facultades adecuadas y el buen gusto. Una experiencia sorprendente que he tenido con la “política elevada” es la siguiente: he descubierto que el buen gusto es más importante que un título de posgrado en ciencia política. Todo es esencialmente cuestión de saber cómo proceder: saber cuánto rato hablar, cuándo comenzar y cuándo terminar, cómo decir cortésmente algo que nuestros adversarios políticos quizás no quieran oír, cómo decir, siempre, lo más esencial en cada momento, y no hablar de lo que no es esencial o no tiene interés, cómo insistir con nuestra postura sin ofender a los demás, cómo crear el tipo de atmósfera cordial que facilita las negociaciones complejas, cómo mantener una conversación sin ser imprudente, o, por el contrario, sin ser distante, cómo combinar equilibradamente los temas políticos serios con las cuestiones más livianas, más relajantes, cómo planear los viajes juiciosamente y cómo saber cuándo es más conveniente no visitar algún lugar, cuándo ser franco y cuándo reticente, y en qué medida.”

Vaclav Havel. Hacer política con la verdad. Disponible en: https://www.economiaysociedad.cl/hacer-politica-con-la-verdad 

Formación Republicana

Todo republicano tiene el deber de formarse al mayor nivel posible. Si le dedicaras 1 hora de estudio al día a este tema (leyendo una página cada 5 minutos) en 7 días podrías tener una muy buena formación en torno a este tema. Te recomendamos la lectura de los siguientes escritos:

Día 1

Vaclav Havel. Hacer política con la verdad. Disponible en: https://www.economiaysociedad.cl/hacer-politica-con-la-verdad

Día 3

Alexander Solzhenitsyn. Vivir sin la mentira. Disponible en: https://www.economiaysociedad.cl/vivir-sin-la-mentira

Día 5

Margaret Thatcher, Los retos del siglo XXI. Disponible en: https://www.cepchile.cl/cep/site/artic/20160303/asocfile/20160303183337/rev55_MThatcher.pdf

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