Después del Plebiscito – #110

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Después del Plebiscito Nacional

El contundente triunfo de la opción “Apruebo” inicia un proceso constitucional que, a pesar del amplio respaldo recibido en el Plebiscito Nacional, no deja de estar exento de riesgos que terminen por exacerbar ánimos refundacionales que acaben por afectar nuestras libertades más preciadas. En esta Minuta Republicana hablaremos sobre el alcance del resultado del Plebiscito Nacional, del futuro de quienes votamos “Rechazo” y sobre el gran desafío del 11 de abril de 2021, día en que se elegirán los miembros de la Convención Constitucional.

El Plebiscito Nacional

Sin lugar a duda, el triunfo de la opción “Apruebo” fue categórico, fueron 5.886.421 de chilenos los que pusieron sus esperanzas en un cambio en la Constitución Política como medio para resolver los problemas que tenemos en nuestro país. Con todo, la votación que aprobó las reformas de la actual Constitución en 1989 sigue siendo la opción electoral más votada de la historia de Chile con 6.069.449.

 

A su vez, los resultados de la segunda papeleta mostraron un claro rechazo a nuestra actual clase política, lo cual resulta a todas luces paradójico en cuanto fue esta misma clase política, resultado de los cambios en el sistema electoral de parlamentarios que generó mayor polarización. Por esta razón, dado que la Convención Constitucional utilizará el mismo sistema para elegir a sus miembros entraremos en la contradicción de elegir lo que queremos con las mismas fórmulas que fueron electos los que rechazamos, esta incoherencia política puede resultar fatal en un futuro cercano si nuestra clase política no es capaz de manejar las expectativas de este proceso como es debido.

 

Ahora bien, ¿cómo llegamos a esta situación? Claramente no fue por iniciativa del Gobierno. La mejor forma de apreciar la iniciativa de un político es analizando sus visiones y opiniones cuando no estaba sometido a presión alguna. Así, por ejemplo, el 15 de marzo de 2018, el entonces ministro del Interior, Andrés Chadwick, señalaba en Icare que el cambio constitucional heredado de la presidenta Bachelet no debía prosperar: «No queremos que avance el proyecto de la nueva Constitución que presentó la presidenta Bachelet al terminar su periodo. Una Constitución no es un juego, no es un proyecto más».

 

Si no es el Gobierno del presidente Piñera el que propició este proceso, entonces ¿quién o quiénes fueron? Antes que en La Moneda, los partidarios del “Apruebo” deben reconocer en la reciente violencia en las calles y en el no tan reciente adoctrinamiento en las aulas como los principales motores de este pseudo momento constituyente. Así, la editora del Wall Street Journal, Mary Anastasia O’Grady, señala correctamente que las «fuertes dosis de adoctrinamiento marxista en las universidades chilenas y la constante denuncia de la desigualdad de ingresos de los intelectuales y los medios de comunicación han inclinado al país hacia la izquierda». En esa misma línea, el intelectual liberal Axel Kaiser señala que la destrucción de la institucionalidad chilena se debe a un largo proceso de desprestigio del modelo de desarrollo nacional:

Cuando los historiadores del futuro analicen lo que ha ocurrido en Chile en los años finales de la segunda década de este siglo, se preguntarán perplejos cómo fue posible que el país más exitoso de la historia de América Latina decidiera, por una abrumadora mayoría, destruir la institucionalidad que le había permitido convertirse en referente regional.

 

“Especularán que el sistema había fallado, pues no lograba satisfacer las demandas de la ciudadanía y formularán todo tipo de teorías acerca de fuerzas sociales misteriosas que nadie anticipó. La verdad, sin embargo, es que el suicidio de Chile era previsible y algunos veníamos advirtiendo hace más de una década que ocurriría.

Y es que, hace muchos años que Chile viene cultivando un estado depresivo mediante un discurso público flagelante, que se negó sistemáticamente a reconocer el progreso que habíamos conseguido mientras se encargaba de demonizar al mercado, a los empresarios, al lucro y a todos aquellos principios que nos habían sacado de la mediocridad que históricamente nos había caracterizado.”

Axel Kaiser, Chile: de la depresión al suicidio

 

No debemos negar que la principal causa de que hoy en día estemos embarcados en un cambio en nuestra Constitución fue la incapacidad del Gobierno de manejar políticamente la insurrección iniciada el 18 de octubre del 2019. Que este proceso tenga tan estrecha relación con los saqueos, los incendios y el vandalismo debería ser un tema de preocupación para todos los chilenos que buscamos lo mejor para nuestro país, dado que, si se usó la violencia para propiciar este proceso constitucional, ¿qué impediría que esta se siga empleando para que la izquierda logre sus objetivos? Con todo, la violencia no es la única interrogante que deja este proceso que acaba de iniciar, como bien señala Hernán Corral: 

“El primero es que la polarización de los sectores políticos se manifieste entre los que sean elegidos constituyentes. Si el sistema electoral es el mismo que el de la Cámara de Diputados, no parece que vayamos a tener una integración muy distinta a la de la actual Cámara. Siendo así, los dos tercios para el Reglamento de la Convención y luego para el contenido normativo de la Constitución, en vez de incentivar grandes acuerdos pueden más bien trabarlos.

Otro temor es que la población se sienta engañada cuando no se cumplan las inmensas expectativas que se crearon de que esta Constitución-talismán arreglará todas las dificultades y agobios que la aquejan. Mi colega en la Academia de Ciencias Sociales Eugenio Tironi dijo que los abogados creemos que las Constituciones hacen milagros; no es así: los abogados somos más conscientes que nadie de que las leyes no sirven de nada si no hay buena política y buenos jueces.

Un tercer temor es que, como estaremos al menos dos años ocupados en redactar la nueva Constitución, el país quede en suspenso y no se haga frente a problemas cuya solución resulta urgente. Más aún, que después de la entrada en vigencia de la nueva Constitución se dilaten las leyes necesarias para implementar sus normas. Sucedió con los tribunales contencioso-administrativos que ordenaba instalar la Constitución de 1925 y que nunca fueron creados.”

Hernán Corral, Proceso constituyente: entre ilusiones y temores

 

Esperemos que la clase política chilena esté a la altura de la situación, en buena medida de ellos depende la moderación en las expectativas que este proceso constitucional ha despertado, dado que fueron ellos los que recientemente las avivaron. Aunque no parece muy realista fijar grandes expectativas en un cambio de conducta de que quienes han recibido enormes e inesperados réditos políticos de sus conductas legislativas obstruccionistas y de la violencia como herramienta política.

 Como bien señala Álvaro Pezoa, esto también implica avanzar desde ya en reformas sociales que muestren avances sustantivos en la calidad de vida de los chilenos:

La clase política, particularmente desde los poderes Ejecutivo y Legislativo, tendrá que ingeniarse para avanzar desde ya en las reformas sociales que permitan mostrar avances sustantivos en los ámbitos que realmente importan a la sociedad. Habrá de compaginar esta ardua tarea con el complejo trabajo que deberá desplegar la convención constitucional, para acordar un cuerpo jurídico que pueda ser ratificado por votación popular. De no lograr sortear con relativo éxito esta exigente prueba, la frustración popular que eventualmente pueda generar un cúmulo de promesas incumplidas comporta un severo riesgo de desestabilización, dando cabida a la posibilidad de que se genere una crisis social tanto o más profunda que la que recientemente ha estado experimentando la nación. En consecuencia, pesa una gravísima obligación sobre los principales actores políticos. Al respecto, aparte de los recursos requeridos, la dificultad radica en que, en general, aquellos no han mostrado -hasta el momento- ser singularmente responsables ni efectivos a la hora de ejercer sus atribuciones públicas. ¿Por qué habrían de serlo en el futuro próximo?, ¿qué ha cambiado para esperar soluciones de quienes, más bien, han sido parte del problema?

 

Álvaro Pezoa, ¿La alegría ya viene?

 

Esta es la crisis de Chile Vamos y del Gobierno del presidente Piñera, aquí no han fracasado las ideas de la derecha porque el oficialismo nunca estuvo dispuesto a aplicarlas. Como bien señaló Rojo Edwards: «no ha fracasado la derecha» y la efectividad de estas ideas «deberá medirse cuando llegue un gobierno que las aplique».

 

Si algo ha fracasado en este trance fue el modo acomodaticio de hacer política que caracterizó a los tres partidos de “centro-derecha” que forman Chile Vamos. Los principios que hacen grandes a los países y libres a sus ciudadanos están más vigentes que nunca, máxime en estos tiempos de crisis donde a la vigencia anteriormente señalada se le suma una manifiesta necesidad. Hoy más que nunca necesitamos un proyecto de derecha serio y, por sobre todo, valiente. Respetuoso de su pasado, con vocación de mayoría y con una clara impronta transformadora. Por el bien de la democracia y la libertad, Chile necesita de un proyecto político alternativo al de la izquierda ideológica que sea capaz de convencer e ilusionar. Nuestro compromiso es con nuestra patria y nuestros compatriotas, ya no podemos limitarnos a hacer lo que la izquierda nos quiera permitir.

 

Esta alternativa de derecha debe ser muy distinta a Chile Vamos y su principal diferencia no está en el plano ideológico: está en el plano ético: urgen líderes de derecha coherentes y valientes. Ante esto, debemos reconocer que la deuda de la derecha con Chile no está en sus intelectuales e instituciones de pensamiento, porque hay muchos y de gran nivel, la deuda de la derecha con Chile es principalmente de actitud.

 

Acción Republicana, Chile necesita un proyecto de derecha

 

Debemos interpretar estos resultados como un punto de partida, como bien señaló el politólogo argentino Agustín Laje, los resultados del rechazo han demostrado que el electorado de derecha parte con un 22% de electorado fiel capaz de defender sus ideas a pesar del bombardeo mediático:

Quienes estén despiertos se habrán dado cuenta de que lo que se llamaba “derecha” en Chile en verdad era “centro-derechita”; que el plebiscito no reprodujo el clivaje izquierda-derecha tal como el imaginario chileno lo concebía. Por empezar, los líderes de la centro-derechita cobarde no hicieron nada en favor del “rechazo” e hicieron mucho en favor del “apruebo” (tanto por omisión como por acción). La izquierda votó en unidad completamente por el “apruebo”; la derecha, en cambio, mostró que no tenía unidad alguna, pues de haber sido así, el resultado hubiera sido muy otro.

 

Hoy en Chile se puede confirmar que la derecha ha dejado de ser Piñera y la recua de cobardes que lo secundan. Todos ellos han quedado desplazados, cuando mínimo, al centro.  Y eso es algo bueno a largo plazo. La derecha ha estado en todas partes, durante mucho tiempo, liderada por personas que nunca la representaron realmente, que nunca creyeron en sus valores e ideas, pero que eran respaldadas por toda la derecha por falta de alternativas visibles. Piñera en Chile, Macri en Argentina, Duque en Colombia, el PP en España, el PAN en México, etcétera. Centro-derechitas cobardes que mueren de ganas por parecer de izquierdas y que traicionan sistemáticamente a la derecha convencida que le presta sus votos.

 

Hoy sabemos que la derecha en Chile es, al menos, el 22% del electorado. Esta es la realidad y sobre ella hay que trabajar. Quien ha votado el “rechazo” ha evadido el bombardeo del establishment mediático que militó en su totalidad por el “apruebo”; ha desoído a la farándula que llamó a votar “apruebo”; ha dado la espalda a la ruidosa militancia izquierdista y ha padecido la indiferencia de los líderes de la centro-derechita cobarde. El voto del “rechazo”, en ese sentido, es un voto muy consciente: es un voto decididamente “contracorriente”.

Agustín Laje, Chile: qué esperar tras el plebiscito

 

Este 22% no es un porcentaje menor. Estos 1.634.047 chilenos pueden llegar la fuerza política más importante de Chile, dado que ningún partido político cuenta con este nivel de votación. Si contrastamos este resultado con los obtenidos en la última elección parlamentaria, los chilenos que optaron por el “Rechazo” son más que los votantes de Renovación Nacional (1.066.763); la UDI (957.032); Evopoli (255.193). Este punto fue notablemente analizado por la doctora en Filosofía y Ciencia Política Vanessa Kaiser en su video titulado “Buenas noticias”.

 

El próximo desafío: la elección de convencionales

No debemos bajar los brazos, nos quedan muchas batallas políticas por dar y necesitamos que la energía entregada en defensa de nuestra institucionalidad vista en la campaña del “Rechazo” se multiplique para afrontar como corresponde la elección de convencionales del 11 de abril del 2021.

Mientras no haya otro sistema electoral, está claro que los chilenos tendremos que convivir con un sistema que permite la existencia de muchos y variados partidos, que para prevalecer sobre sus pares normalmente van a estar destacando aquello que los diferencia por sobre lo que los une.  La elección de convencionales de abril de 2021, por la importancia que tiene esa eventual futura constitución para Chile, nos plantea la obligación de buscar aquello que nos une, dejando de lado en esta ocasión legítimas ambiciones personales o la necesidad de mantener o ampliar los espacios de poder de cada uno.

Para esto, los republicanos consideramos que la unidad entre quienes compartimos el mínimo común denominador de la libertad y las personas como base de la sociedad, sea que hayan votado  Rechazo, Apruebo, o por diversos motivos no hayan podido o querido votar; es un imperativo si queremos lograr que los resultados no sean distorsionados por el hecho de ir en listas separadas, causando tal vez un daño irreparable a los valores que compartimos. Por esta razón, desde el principio los republicanos han demostrado su voluntad de alcanzar un acuerdo con Chile Vamos. Tal como lo señaló José Antonio Kast: «más allá de las diferencias que tuvimos en campaña como sector político, tenemos la obligación hoy de ponernos de acuerdo para proponer los mejores candidatos a esa Asamblea Constituyente. Mientras esa izquierda que aparecía unida en un mismo festejo tras la derrota de la institucionalidad vigente pelea para repartirse un botín que no está claro que sea de ellos, nosotros tenemos que mostrar unidad y compromiso para elegir a los mejores ciudadanos que permitan incorporar en las propuestas a plebiscitar, las ideas y valores que han demostrado universal e históricamente ser los mejores para desarrollar y servir a Chile».

 

Formación Republicana

Todo republicano tiene el deber de formarse al mayor nivel posible. Si le dedicaras 1 hora de estudio al día a este tema (leyendo una página cada 5 minutos) en 7 días podrías tener una muy buena formación en torno a este tema. Te recomendamos la lectura de los siguientes escritos:

Día 1

Vanessa Kaiser, Buenas noticias

Mary Anastasia O’Grady, Chile Suicide Mission

Álvaro Pezoa, ¿La alegría ya viene?

Día 2

Día 3

Axel Kaiser, Chile: de la depresión al suicidio

Agustín Laje, Chile: qué esperar tras el plebiscito

Hernán Corral, Proceso constituyente: entre ilusiones y temores

Día 4

Día 5

Axel Kaiser, La caída de Chile

Día 6

Día 7

 

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