Impuestos negativos y renta básica universal – #121

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Impuestos negativos y renta básica universal

Las palabras del presidente de la CPC, Juan Sutil, en la última ENADE, sobre la oportunidad de discutir un ingreso mínimo garantizado que sea progresivo y venga a sustituir otras ayudas del Estado, ha marcado la pauta de estos últimos días. Sin embargo, bajo los conceptos de “ingreso mínimo garantizado”; “renta básica universal” o “impuesto negativo al ingreso” existen importantes diferencias que es preciso explicar.

El Estudio de Claudio Sapelli

El profesor del Instituto de Economía de la Universidad Católica de Chile, Claudio Sapelli, en su artículo “Ingreso Garantizado o Impuesto Negativo al Ingreso. Políticas públicas para sobrevivir al desafío del futuro” es uno de los textos de referencia en esta materia. Ante los desafíos de la cuarta revolución industrial y los cambios en la demografía, es preciso aproximarnos a las políticas públicas de un modo distinto a cómo lo veníamos haciendo con anterioridad. Esta nueva aproximación tiene dos elementos que son imprescindibles: reforzar la red de protección y flexibilizar la regulación laboral. Impuestos negativos y renta básica universal

Un nuevo sistema de protección social

La ineficiencia del Estado. Señala Sapelli que los programas estatales en la actualidad entregan una cobertura de protección social inorgánica e ineficiente: «Muchos de ellos tienen criterios muy estrechos de admisibilidad que no solo excluyen a los ricos sino también a muchos pobres. A su vez, muchas intervenciones (incluso en países relativamente ricos como Chile) están diseñadas para enfrentar una pobreza crónica, permanente, “dura”. Sin embargo, la pobreza es dinámica, temporal, “blanda”» (Sapelli, 2019, p. 5). Al respecto, podemos complementar esta afirmación con estas palabras de Rolf Lüders: El gasto fiscal social en Chile ya se encuentra bien focalizado en los deciles de ingresos más bajos. No obstante, el costo de administración de esos fondos es cuantioso, seguramente porque una elevada proporción del personal estatal correspondiente no es indispensable y/o tiene ingresos exageradamente altos. Minuta #121 Enero 2021 Son los apitutados. Tal sospecha se reafirma si, utilizando datos de la Dipres, simplemente se divide el gasto fiscal social total por el número de familias de los dos deciles de ingreso más bajos, y se descubre que corresponde a unos ¡dos y medio millón de pesos por familia al mes! Hay acá entonces un potencial de recursos que se pueden captar reformando el modo en que se distribuye el gasto social, por ejemplo mediante un impuesto negativo sobre el ingreso, y/o adoptando la propuesta del presupuesto de base cero. Rolf Lüders. Oportunidad Impuesto negativo al ingreso: Como reemplazo a esta forma ineficiente de distribuir los recursos, propone Sapelli un impuesto negativo al ingreso, el cual «busca reemplazar buena parte de los programas sociales para concentrar el gasto social en transferencias en efectivo a través de un cheque del Servicio de Impuestos Internos» (p. 7). En cuanto a su implementación, Sapelli la formula de la siguiente forma: Se parte con un mínimo básico (de monto $M, a fijar) que reciben quienes tienen cero ingresos. A partir de ahí a cada peso ganado se le cobra un impuesto de, digamos, 30%. Entonces quien gana 100 recibe (M-0.3×100) +100. O sea, M+0.7×100. O, dicho de otra manera, la persona gana 100 y recibe un cheque por M-0.3×100. Dicho subsidio entonces llega a cero cuando el ingreso es igual a M/0.3, o 3.33xM. A partir de ahí se puede seguir cobrando 30% de cada peso adicional ganado, de manera de tener un esquema simple con una sola tasa. Alternativamente, se puede pensar en un esquema con más de una tasa, incluyendo una tasa cero para personas de determinados ingresos medios. Concretamente, si M fuera $150.000, por ejemplo, este sería el mínimo incondicional. Si uno no tiene ingresos, recibe un subsidio de $150.000. Pero el esquema subsidia también a muchas otras personas. Por ejemplo, si el impuesto fuese 30%, todos aquellos que ganan menos de $500.000 (esta cifra resulta de multiplicar 150.000 por 3,33) recibirían un subsidio, de diferente monto. Siguiendo con el ejemplo, quién ganara $300.000 recibiría $60.000 y su ingreso final sería $360.000. El cálculo es como sigue. A los $150.000 se le resta el 30% de lo que gana ($300.000), que es $90.000, por lo cual queda $60.000 como subsidio. Minuta #121 Enero 2021 Se parte con un mínimo básico (de monto $M, a fijar) que reciben quienes tienen cero ingresos. A partir de ahí a cada peso ganado se le cobra un impuesto de, digamos, 30%. Entonces quien gana 100 recibe (M-0.3×100) +100. O sea, M+0.7×100. O, dicho de otra manera, la persona gana 100 y recibe un cheque por M-0.3×100. Dicho subsidio entonces llega a cero cuando el ingreso es igual a M/0.3, o 3.33xM. A partir de ahí se puede seguir cobrando 30% de cada peso adicional ganado, de manera de tener un esquema simple con una sola tasa. Alternativamente, se puede pensar en un esquema con más de una tasa, incluyendo una tasa cero para personas de determinados ingresos medios. Concretamente, si M fuera $150.000, por ejemplo, este sería el mínimo incondicional. Si uno no tiene ingresos, recibe un subsidio de $150.000. Pero el esquema subsidia también a muchas otras personas. Por ejemplo, si el impuesto fuese 30%, todos aquellos que ganan menos de $500.000 (esta cifra resulta de multiplicar 150.000 por 3,33) recibirían un subsidio, de diferente monto. Siguiendo con el ejemplo, quién ganara $300.000 recibiría $60.000 y su ingreso final sería $360.000. El cálculo es como sigue. A los $150.000 se le resta el 30% de lo que gana ($300.000), que es $90.000, por lo cual queda $60.000 como subsidio. (Sapelli, 2019, pp. 7-8). Una idea similar ya fue planteada por el economista Milton Friedman, el cual, señala las siguientes ventajas de esta política: (1) se dirige a las población de menores ingresos y no a segmentos que reflejan objetivos o intereses particulares; (2) se otorga en efectivo, que es la forma más potente de ayudar; (3) es general y, por lo tanto, puede reemplazar al sistema de bienestar existente; (4) hace explícito el costo de los subsidios y (5) utiliza la infraestructura del SII o de la Tesorería General de la República, eliminando la carga administrativa de los programas sociales actuales. (Sánchez González, 2018) Minuta #121 Enero 2021 Flexibilizar la regulación laboral Los problemas de la legislación laboral actual: A juicio del profesor Sapelli, las instituciones laborales actuales presentan los siguientes problemas: (1) no cubren a todos los trabajadores (sino solamente a los del sector formal); (2) tratan de hacer demasiado y operan “de facto” como un sistema de protección social paralelo, asegurando ingresos mínimos u operando en sustitución del seguro de desempleo y (3) hacen todo esto a un alto costo social, ya que los excluidos son los más necesitados en general, en especial los jóvenes (Sapelli, 2019, p. 18). Esta reforma transforma en redundante la legislación laboral que opera como seguro social. Estos (salario mínimo, indemnización por despido, entre otros) son una parte importante de los costos que se imponen sobre el empleo formal, contribuyendo a la informalidad (y al menor nivel de empleo, de todo tipo). En esta propuesta desaparecen. También se vuelven redundantes una multiplicidad de programas sociales que para justificar esta nueva política (y para contribuir a su financiamiento) deben ser eliminados. Por un lado, esto implica eliminar el desincentivo a ser formal implícito en la existencia de beneficios sociales no contributivos. Por otro se elimina una “majamama” de decenas, o centenas de programas cuyo efecto neto sobre la pobreza es indescifrable pero cuyo efecto sobre la oferta de trabajo formal es claramente negativo. A su vez, al eliminar estos últimos programas se elimina un importante desincentivo a la informalidad o a la no participación del mercado laboral. El diseño de estos programas tradicionalmente implica financiar a las familias hasta un límite “duro” de ingreso o de puntaje en una ficha. Con esto quiero decir que si se pasa un peso de ese límite o un punto de dicho límite se pierden todos los beneficios sociales. Esto enfrenta a los trabajadores a impuestos confiscatorios en el margen. Para eludirlos las personas tienen que evitar ganar más ingreso (¡!), o hacerlo en la informalidad. Esta es una versión de la famosa “trampa de la pobreza”. De manera que esta propuesta tiene la gran ventaja de eliminar esta trampa y con ello aumentar el empleo formal. (Sapelli, 2019, pp. 7-8). Minuta #121 Enero 2021 Impuesto negativo no es lo mismo que ingreso básico universal Existen muchos políticos de izquierda que se valdrán de propuestas como las del presidente de la CPC o la del profesor Sapelli para exigir una renta básica, pero olvidándose de la necesaria flexibilización laboral con la cual debe ser acompañada. La renta básica es una de las actuales banderas de la izquierda europea y no nos debería sorprender que llegue a nuestro país prontamente. Para la izquierda, tal como lo señala Juan Ramón Rallo, el ingreso básico universal es una renta que perciben incondicionalmente todos los ciudadanos de un país por el mero hecho de ser ciudadanos. Una propuesta de esta naturaleza no solo resulta ser infinanciable, sino que, a su vez, resulta ser profundamente insolidaria: El libre mercado, empero, fuerza a los individuos a establecer una cooperación estructural de carácter económico: si una persona desea acceder a los bienes o servicios que han producido otras personas deberá ofrecerles bienes o servicios que esas otras personas valoren. A través de los intercambios voluntarios, nadie puede extraer más valor al prójimo de aquel que el prójimo extrae de él y, gracias a ello, cada uno de nosotros debemos dedicar parte de nuestro tiempo a satisfacer las necesidades ajenas y no a satisfacer las necesidades propias. Evidentemente, todos desearíamos que los demás trabajaran para nosotros (que produjeran todos aquellos bienes y servicios que necesitamos y que no fabricamos por nosotros mismos) y que, en cambio, nosotros pudiéramos dedicarnos exclusivamente a aquellas actividades que satisfacen nuestras necesidades aun cuando no satisfagan las necesidades ajenas. Sin embargo, es fácil comprender que si todos adoptáramos esa actitud netamente egoísta, la cooperación económica se disolvería como un azucarillo: todos nos dedicaríamos a fabricar lo que nosotros queremos y no lo que quieren los demás (esto es, la división del trabajo desaparecería). Por ese motivo, romper unilateralmente esta cooperación estructural resulta tan costoso dentro de un mercado libre: si un individuo no genera (o no ha generado y ahorrado) bienes y servicios valiosos para los demás, se hallará en una situación económica muy precaria, esto es, no podrá acceder a los bienes y servicios fabricados por los demás. De ahí que el mercado libre desincentive el individualismo antisocial y promueva la socialización económica. Daniel Lacalle. La mentira de la renta básica. Ni renta, ni básica, ni solución Minuta #121 Enero 2021 La renta básica universal es, justamente, la herramienta que habilita a cada individuo dejar de cooperar con el resto de la sociedad sin al mismo tiempo sufrir los costes de esa ruptura unilateral de la cooperación social: cada individuo recibe una porción de la producción de los demás sin aportarles a los demás producción propia que ellos consideren suficientemente valiosa (si así se hiciera, no se necesitaría la RBU, ya que bastaría con que unos y otros intercambiaran voluntariamente sus respectivas producciones). En otras palabras, la RBU es una subvención al individualismo antisocial. Daniel Lacalle señala que una política de esta naturaleza no hace más que perpetuar los problemas en lugar de solucionarlos: Es triste que se haya llegado a la situación por la cual los políticos, cuando se encuentran al borde de la extinción pública, deciden acudir a las propuestas mágicas inviables. Les entra la generosidad sin límites, con el dinero de los demás. Pero, cuando se trata a los votantes como adolescentes malcriados, siempre acaba mal para el populista. La promesa de una renta básica esconde una realidad muy distinta. No es una renta, es una subvención, no es básica, es una “paguita” asistencialista, y no resuelve ningún problema. La renta básica no reduce la pobreza, la perpetúa, y convierte a los ciudadanos en clientes-rehenes. No tenemos que irnos muy lejos para saber que no funciona. Esquemas muy similares se dan en regiones de España que hoy siguen siendo campeonas en pobreza y paro tras más de tres décadas de asistencialismo. No solo no se reduce la desigualdad, sino que la perpetúa, relegando a una parte sustancial de la población a depender de esa falsa renta, que no deja de ser un subsidio. Ya existe. Siempre hay alguien que piensa que sus ideas son novedosas, aunque se apliquen ya. Y que no funcionan porque no se gasta mucho más. Daniel Lacalle. La mentira de la renta básica. Ni renta, ni básica, ni solución Minuta #121 Enero 2021 Conclusiones Toda propuesta que implique quitar el dinero público de las manos de los políticos y entregárselo a las personas merece la atención de los republicanos. Sin embargo, debemos ser cuidadosos de que nos pasen “gato por liebre” el ingreso básico universal que propone la izquierda no es lo mismo que el impuesto negativo propuesto por Friedman o Sapelli. El primero no es más que asistencialismo puro y duro, lo cual sería nefasto en un mundo cuyos cambios exigen adaptabilidad —y por consiguiente seguridad para esa adaptación— y no la pasividad asistencialista que ha creado todo experimento socialista. Tal como lo señalábamos en una Minuta Republicana anterior: La cuarta revolución industrial «exige proponer ideas nuevas, pero también demanda solucionar viejas deudas que tenemos como país. Muchas veces nos concentramos tanto en el futuro que ignoramos las falencias que se desarrollan en el presente, las cuales tendrán nefastas consecuencias en ese futuro que idealizamos». Ejemplo de esto es lo que sucede con nuestro sistema educativo: Junto con las nuevas ideas debemos hacernos cargo de las viejas deudas existentes con la educación escolar y superior en Chile. En cuanto a la educación escolar es necesario flexibilizar los currículos escolares y formar un contenido realmente mínimo que permita a cada establecimiento poder adaptarse de mejor forma a las nuevas demandas educacionales. En relación a todo nivel educativo es necesario parar de raíz la estrategia de tomas y paros con las que miembros de la comunidad educativa, muchas veces dirigidos por partidos políticos, que termina siendo autodestructivo en cuanto a la calidad de los establecimientos.17 Difícilmente podemos hacer grandes planes en torno al desarrollo de la ciencia de nuestro país si no somos capaces siquiera de hacer cumplir el calendario académico en buena parte de las universidades. Acción Republicana. Ciencia, tecnología e innovación

 

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