POLÍTICA Y SENTIDO COMÚN – #118

Minutas Republicanas

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¿Qué es el sentido común?

¿Qué es el sentido común? Es la facultad de adecuar el pensamiento no consigo mismo, como en el universo cerrado de la inteligencia descarnada, sino con las cosas y los hechos: es el reflejo de la realidad en el pensamiento y no su ocultación por éste… La mayor parte de los males que sufre nuestra civilización se deben a la hipertrofia de la inteligencia abstracta en detrimento del sentido común. La salvación no reside en la construcción de una nueva ideología, tan vana como las demás, sino en el regreso a esa sabiduría elemental que sabe distinguir “la paja de las palabras del grano de las cosas”

Gustave Thibon, El Genio y el sentido común. En: Textos Fundamentales, p. 16

 

En ocasiones, los republicanos decimos defender ideas de sentido común y no está mal que así sea. Estamos en una época de dramático parecido a la que vaticinó Chesterton en su libro Herejes, cuando dijo que llegaría el tiempo en que «habrá que encender fuegos para testificar que dos más dos son cuatro. Habrá que desenvainar espadas para sostener que en el verano las hojas son verdes».

 

¿Cómo se determina el sentido común? para el jurista español Álvaro D’Ors, «no se determina por estadísticas plebiscitarias, sino por una simplicidad de la razón individual de cada uno: no es el sentir de las multitudes, sino el de cada hombre no-demente con el que nos podemos encarar a solas» (p. 29). Es de sentido común afirmar que los pactos deben cumplirse,

 

Algunos podrían decir que apelar al sentido común es un gesto de soberbia, ¡todo lo contrario! Recurrir al sentido común en política es —sin duda alguna— una de las mayores expresiones de humildad en política. Es todo lo contrario a creernos dueños exclusivos de la verdad: es invitar a los demás a compartir el patrimonio común que tenemos. 

 

El sentido común es el legado de nuestros antepasados para ser libres, para no ser esclavos de aquellos que quieren cambiarlo todo. Tal como lo vemos en la magnífica novela “1984” de George Orwell, es clásico de los totalitarismos pretender instaurar que “2+2=5” solo para demostrar el poder que tienen sobre la sociedad. Por esta razón, dice Orwell que: «La herejía de las herejías era el sentido común». ¿Cómo sobrevivieron checos, polacos, húngaros, rumanos y rusos a décadas de manipulación totalitaria? Fue gracias al sentido común, esto lo tenía muy claro Vaclav Havel:

 

Vivimos en una época en que luchan dos modos de pensar: el pensamiento evasivo y el pensamiento certero, el pensamiento a medio cocinar y el pensamiento consistente. Vivimos en una época en que la realidad está en conflicto con la trivialidad, en que los hechos están en conflicto con una interpretación a priori de los mismos, en que el sentido común está en lucha contra una racionalidad distorsionada. Es un tiempo de conflicto entre teorías que aparecen rápido y se esfuman con la práctica, contra las teorías que aprenden de la práctica.

Vaclav Havel, Open Letters. En: Textos Fundamentales, p. 163

 

Las ideologías son el mayor enemigo del sentido común. Como bien dijo Octavio Paz: «Las ideologías ocultan la realidad, pero no la hacen desaparecer; un día u otro la realidad desgarra los velos y reaparece». Con todo, debemos advertir que el sentido común siempre es una herramienta de ultima ratio que debemos acompañar siempre de una sólida formación doctrinal que nos permita conocer los fundamentos últimos de lo que estamos discutiendo.

 

Afirmaciones de sentido común: A lo largo de estos más de dos años de Acción Republicana, hemos escrito semanalmente nuestras Minutas Republicanas con el fin de reforzar estas ideas de sentido común con unas pinceladas de formación doctrinal. Para evidenciar esto, hemos seleccionado algunas de nuestras ideas en torno a cuatro ideas de sentido común que la mayoría de los chilenos todavía podría sostener:

 

  1. “A la escuela se va a estudiar”

Las escuelas no nacieron para ser tomadas, ni las sillas se crearon para ser puestas como trinchera a la entrada de los colegios. Los profesores deben enseñar y no adoctrinar a sus alumnos, su objetivo principal debe ser el aprendizaje y la exigencia académica debe volver a ser un bien de las escuelas chilenas: los buenos alumnos merecen reconocimiento y los malos requieren de una ayuda especial. La escuela debe estar al servicio de los niños y no debe prestarse como un espacio de manipulación política, uno de los casos más delicados de manipulación es el mal uso que hacen ciertos políticos de la educación sexual:

 

Ante esto, apostamos por una educación sexual en serio, es decir, una educación que respete la complejidad de la sexualidad humana, que se preocupe del bienestar de quienes reciben ese tipo de educación y que, ante todo, no se preste a reduccionismos ni instrumentalizaciones. En este sentido, la gran mayoría de los políticos chilenos no han estado a la altura y han visto a la educación sexual como: (1) un lugar común y (2) una oportunidad para imponer agendas.

Lo han visto como un lugar común porque es la típica respuesta que dan al ser preguntados por los problemas de salud sexual en el país. Por lo tanto, si ve a un político diciendo nada más que: “Por eso es necesario avanzar en educación sexual” es una clara señal de que el problema poco y nada le importa. La salud sexual en Chile ha sido secuestrada por la frivolidad de la clase política, la cual compite por ver quien coloca más preservativos —o en los más novedosos sitios— en lugar de ver este problema con el respeto y la complejidad que merece.

A su vez, la clase política ha visto este problema como una oportunidad para imponer agendas disfrazadas de una preocupación pública por el bienestar de niños y jóvenes. Un ejemplo de esta práctica es el libro 100 preguntas Sobre Sexualidad Adolescente de la Municipalidad de Santiago en tiempos de Carolina Tohá.

Acción Republicana, Educación sexual

 

Terminar con la violencia en la educación es un deber que tenemos como sociedad. Por el bien común es necesario contar con un espacio que permita a los miembros de la sociedad desarrollarse personal, académica y profesionalmente en el ambiente de paz y continuidad que la naturaleza del proceso educativo exige.

 

Para esto, es necesario cumplir y hacer cumplir las leyes que hacen posible nuestra convivencia pacífica. Es preciso que la sociedad entregue un mensaje a la juventud, diciéndole que “la violencia no es el camino”, que con la violencia no se consigue nada en una sociedad ordenada, salvo una larga estadía en la cárcel. Para que esto sea posible, es esencial dotar de mayor autonomía a quienes dirigen los planteles educativos para que gocen de mayor independencia de la clase política, quienes siempre están pensando en la reelección antes del bienestar de los estudiantes y profesores.

 

A su vez, es necesario volver a gozar de mayores libertades en materia educativa. No podemos ser rehenes de un mal colegio porque cada día es más difícil elegir otro establecimiento educativo. La baja en las postulaciones que suelen sufrir los colegios víctimas de la violencia debe leerse como el legítimo rechazo de las familias chilenas ante esas dinámicas y debería obligar a las autoridades de dichos colegios a recuperar la buena fama del colegio haciendo cumplir las leyes.

 

Por último, y con especial énfasis en las universidades estatales, es necesario promover un pluralismo en el claustro académico que sea más representativo de la realidad nacional y que, con esto, impida la hegemonía de ideas minoritarias.

 

 

  1. “El dinero público no es infinito”

 

Nunca debemos dejar de lado la fundamentación de las políticas públicas, de lo contrario, lo más probable es que terminemos aceptando tácitamente ideas que podrían resultar contrarias a las que defendemos. Esto es precisamente lo que pasaría si renunciamos a la focalización del gasto social y la reemplazamos por la universalización de este. Por esto es necesario evidenciar que la defensa de la focalización del gasto social está vinculada directamente con la defensa de nuestros principios republicanos más importantes.

 

Defendemos la focalización del gasto social, porque promovemos un Estado eficiente que tenga el tamaño mínimo necesario. Tal como lo señalamos en una Minuta Republicana anterior, «cada peso que está en las arcas estatales es un peso que deja de estar en la sociedad, es un peso cuyo uso lo dirime un político y no el ciudadano que con su esfuerzo lo creó. Por esto, lo ideal es que el Estado cuente con los recursos suficientes para un funcionamiento austero y eficiente y nada más. Lo demás sería aumentar aún más el poder del Estado y restringir el poder de la sociedad».[1] Abandonar la focalización conlleva un mayor poder del Estado, ya que el compromiso de garantizar derechos sociales universales se lleva a cabo por medio de la disminución del poder de la sociedad.

 

Defendemos la focalización del gasto social, por nuestro compromiso está en derrotar la pobreza y no la desigualdad. Para esto no es necesario poner el foco de nuestra atención en las personas que más dinero tienen, dado que «no es el porcentaje de la torta lo que determina la riqueza de las personas. Es el tamaño de la torta. Este sesgo por concentrarse en la desigualdad del ingreso nos hace olvidar que el objetivo es reducir la pobreza y no buscar la igualdad de los seres humanos, redondeando hacia abajo. La lucha contra la pobreza podrá tener resultados reales en la medida que se den las condiciones necesarias para que se realicen inversiones y la riqueza pueda incrementarse».[2] El esfuerzo de la izquierda por generar cohesión social por medio de la coerción del Estado, perjudica especialmente a los más pobres, si en Chile «se distribuyeran todos los subsidios monetarios por igual entre todos los chilenos, una persona del 10% más pobre recibiría sólo un tercio del apoyo vigente».[3]

 

Como bien señaló Alan Walters, asesor jefe de Margaret Thatcher: «el Estado ciertamente tiene la obligación de subsidiar a los pobres. Pero hay que subsidiarlos porque son pobres, pero no porque son consumidores de trigo o usuarios de la locomoción colectiva. Quiero decir que no se debe subsidiar el trigo o la locomoción, porque por esa vía se subsidia a los productores y a los empresarios y no a los más pobres, desviando recursos que deberían beneficiar directamente a los más desvalidos de la sociedad».[4]

 

  1. La familia es el núcleo fundamental de la sociedad

 

¿Por qué debemos defender a la familia? Las razones que deben motivar a todo ciudadano a proteger y promover la familia provienen tanto de la naturaleza de esta institución como de los beneficios que aporta esta a la sociedad. Razones que permiten concluir que la familia es una institución necesaria para la sociedad libre, la cual, en su existencia y desarrollo, depende de la solidez familiar.

 

Como hecho antropológico, la familia es una institución necesaria para toda sociedad debido a que en ella se generan y forman sus miembros, «la generación del hombre es ya un hecho social, y es de algún modo la raíz de todos los otros. Hay una sociedad de dos, de la cual se engendra un tercero, y éste depende de aquellos no sólo en su generación, sino en la adquisición o formación progresivas de las capacidades que, a su vez, van perfeccionando en él la índole de sus relaciones con los demás, dándole el sello de lo humano».4

 

Pero, además, como hecho político, la familia es, en sentido estricto, una institución necesaria para toda sociedad, debido a que sus cualidades especiales la hacen la única institución capaz de formar hombres libres, y una sociedad debe estar así compuesta para poder ser apreciada como tal. La familia es la única institución capaz de formar a estos hombres libres, porque es la única que puede «tratar al individuo como individuo, teniendo en cuenta sus necesidades y circunstancias particulares».5 El Estado y los demás cuerpos intermedios, por sus fines generales y por sus medios escasos, necesitan dar beneficios de forma estandarizada. Esta respuesta pormenorizada no solo debe ser valorada «en términos materiales, sino fundamentalmente en su capacidad de crear ese espacio de don, de amor incondicional; condición para el despliegue de los individuos y el aprovechamiento real de los bienes materiales y espirituales que también entrega la familia a todos sus miembros, en especial a los menores».6

 

El matrimonio forma parte del concepto de familia del mismo modo en que las raíces forman parte del concepto de árbol. La especial naturaleza de la familia como institución nuclear de la sociedad proviene de la especial naturaleza de la unión matrimonial: «En primer lugar, el matrimonio une a dos personas en sus dimensiones más básicas, en sus mentes y en sus cuerpos; en segundo lugar, las une con el respeto a la procreación, la vida en familia y el amplio compartir de la vida doméstica; y, en tercer lugar, las une de manera permanente y exclusiva».7

 

La importancia de la familia –que incluye como esencia el vínculo matrimonial– no solo puede demostrarse por el beneficio que genera en sus integrantes, también puede hacerse desde una aproximación social, es decir, viendo que la familia genera beneficios no sólo a sus miembros, sino a través de ellos al resto de la sociedad».8 Son muchos los estudios que demuestran los bienes sociales que genera la familia. Demostrado está en Chile que la existencia de padres involucrados reduce el riesgo de consumo de drogas en los hijos.9 A su vez, que el apoyo de una familia unida es el factor más importante para surgir económicamente a juicio de las personas más necesitadas en Chile.10

 

El Premio Nobel de Economía, James Heckman, al estudiar el rol de la familia en el desarrollo de habilidades cognitivas y no cognitivas, demuestra que en las familias «que están intactas», es decir, en las familias tradicionales hay un mayor desarrollo, tanto de las habilidades no cognitivas como en la estimulación cognitiva.11 En relación con lo anterior, se ha demostrado que en Chile hay «una relación positiva entre el rendimiento escolar medido a través de la prueba SIMCE y la existencia de una familia con padre y madre presente en el hogar».12

 

La familia es la mejor escuela para enseñar valores a los niños, el lugar más adecuado para que desarrollen su inteligencia emocional y un arma eficaz para alejarlos de las conductas de riesgo. La familia tiene un rol fundamental en la formación de círculo virtuoso del capital humano de un país y en los futuros logros económicos y sociales de las personas. Asimismo, es fundamental en la creación de capital social gracias a lo cual los países son capaces de responder mejor a sus desafíos de convivencia y resolución de sus problemas.

 

Larroulet, Cristián. Familia y felicidad. Un círculo virtuoso, p. 7.

 

  1. No hay libertad posible sin un Estado de derecho

 

El Estado de derecho es un requisito fundamental para la sociedad libre. «Gracias a la preminencia del imperio de la ley, los individuos están protegidos frente a la arbitrariedad de aquellos que son más fuertes o que detentan el poder. Esta protección, en forma de ordenamiento jurídico que permite que el individuo pueda actuar de acuerdo a sus propios planes sin perjudicar los de otros, queda garantizada a través del principio más importante del Estado de derecho: la igualdad ante la ley».[5]

 

Incluso, es posible decir que somos libres gracias a al imperio de la ley. Como bien señala Hayek: «El concepto de libertad bajo el imperio de la ley, principal preocupación de esta obra, descansa en el argumento de que, cuando obedecemos leyes en el sentido de normas generales abstractas establecidas con independencia de su aplicación a nosotros, no estamos sujetos a la voluntad de otro hombre y, por lo tanto, somos libres (…) La ley no es arbitraria, porque se establece con ignorancia del caso particular y ninguna voluntad decide la coacción utilizada para hacerla cumplir».[6]

 

El Estado de derecho permite una vida más predecible: «porque nos permite anticipar cómo se van a comportar y no se van a comportar las personas (incluidos los funcionarios). Así podemos hacer planes a largo plazo sin temor a que sean hechos añicos por los caprichos de los otros».[7]

 

Solo bajo un Estado de derecho es posible conseguir la paz social, lo que implica la posibilidad de emplear la violencia de ser necesario. Gracias al imperio de la ley es posible establecer un orden cuyo cumplimiento permite la paz social. Como bien señala Juan Antonio Widow, la paz social solo puede alcanzarse:

 

«mediante la imposición del orden recto, y esto ordinariamente lleva consigo la necesidad de aplicar violencia, es decir, de impedir la acción de quienes subvierten ese orden. Puede imponerse a la sociedad, por cierto, una paz de otra índole, pero será indefectiblemente a costa del bien común, es decir, del bien de la misma sociedad a la cual se impone.

 

Nunca, por consiguiente, la verdadera paz social puede ser efecto de la mera renuncia a toda violencia. Por el contrario, en la situación real del hombre requiere de violencia, tanto en el orden interno —el de las pasiones que se resisten al dominio de la razón— como en el externo, donde las personas muy raramente son capaces de mantenerse en el respeto por lo justo si no se ejerce sobre ellas la natural presión de la sociedad bien constituida»

 

Widow, Juan Antonio (1988). El hombre, animal político, Editorial Universitaria, p. 53

 

 

 

 

Formación Republicana

 

Todo republicano tiene el deber de formarse al mayor nivel posible. Si le dedicaras 1 hora de estudio al día a este tema (leyendo una página cada 5 minutos) en 7 días podrías tener una muy buena formación en torno a este tema. Te recomendamos la lectura de los siguientes escritos:

 

Día 1

·      Gonzalo Rojas Sánchez (ed.). Textos fundamentales para una sociedad libre y responsable.

Día 2

Día 3

Día 4

·      Álvaro D’Ors. Derecho y sentido común: siete lecciones de derecho natural como límite del derecho positivo

Día 5

Día 6

Día 7

 

[1] Acción Republicana (2018): “Recursos del Estado”, en Minutas Republicanas. Disponible en: https://static1.squarespace.com/static/5b4777a7372b96b5c65f654a/t/5c1bfdcacd836656561c358c/1545338314794/Minuta+recursos+del+estado.pdf

[2] Cachanosky, Iván (2016): “No es la desigualdad, es la pobreza”, en El Líbero, 13 de febrero de 2016. Disponible en: http://fppchile.org/es/no-es-la-desigualdad-es-la-pobreza/

[3] Libertad y Desarrollo (2015): “La importancia de la focalización del gasto en política social”, en Temas Públicos, n° 1211, 19 de junio de 2015. Disponible en: https://lyd.org/wp-content/uploads/2015/06/TP-1211-Focalizaci%C3%B3n.pdf

[4] Santa Cruz, Lucía (2000). Conversaciones con la libertad, El Mercurio-Aguilar, Santiago, p. 132.

[5] Ibáñez, Ignacio (2014): “El Estado de Derecho”, Ser liberal-conservador, Red Floridablanca, 28 de mayo de 2015. Disponible en: https://www.redfloridablanca.es/ser-liberal-conservador-el-estado-de-derecho/ 

[6] Hayek, Friedrich A. (2014). Los fundamentos de la libertad (José Vicente Torrente, traductor), Unión Editorial, Madrid, p. 202.

[7] Butler, Eamonn (2016). Liberalismo clásico. Un manual básico, Unión Editorial, Madrid, p. 33.