Pueblos Originarios y Nueva Constitución – #123

Minutas Republicanas

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Pueblos Originarios y Nueva Constitución

La escalada de violencia en la Macrozona Sur sigue evidenciando las consecuencias de no enfrentarnos adecuadamente a nuestros problemas. El contexto se ve agravado al observar que el proceso constituyente en el que estamos embarcados ha creado la falsa ilusión de que los problemas de violencia política en el Sur de Chile podrán ser resueltos por la Constitución a través de una serie de reconocimientos y beneficios a los pueblos originarios. En esta Minuta Republicana analizaremos esta promesa implícita en el proceso constituyente.

El desafío constitucional como forma de evadir los problemas Todo aquel que con honestidad intelectual se aproxime a la violencia en La Araucanía: quien vea las imágenes de los ataques incendiarios; los cortes de ruta y la exhibición de fuerza de los grupos violentistas, sabe que el drama que se vive en el sur del país no cambiará por el hecho de que una centena de ciudadanos discutan en el Palacio Pereira sobre las veces que las palabras “indígena” o “pueblos originarios” deben aparecer en la nueva Constitución.

A decir verdad, albergar demasiadas esperanzas en la solución constitucional del conflicto en La Araucanía no es más que seguir posponiendo un problema que no hace más que intensificarse. Esto atenta gravemente a la legitimidad del proceso constituyente, el cual se verá desprestigiado por el absurdo de no resolver problemas que están fuera de su alcance.

Muchos políticos —sobre todo los de la izquierda ideológica— disfrazan este problema como un conflicto irresoluble que solo se puede administrar por medio de más regalías. Sin embargo, bajo esta épica de conflicto ancestral solo se esconde la inoperancia de políticos incapaces de garantizar que todos los ciudadanos de Chile puedan vivir en paz.

La violencia debe ser atacada con todo el rigor de la ley, debemos proteger a La Araucanía y convertirla en una provincia que permita a sus ciudadanos desarrollarse en paz. Una vez garantizada la paz, podremos soñar con una Araucanía próspera. Ya no es tiempo de soluciones fáciles que solo causan más violencia como es el caso de la política de entrega de tierras como bien lo demuestra Jorge Ramírez: